Si has manido Ficción pulpaconocida como Tiempos violentos en Hispanoamérica, te habrás quedado con una enorme duda, y si no la has manido… ¿A qué estás esperando? La película de Quentin Tarantino es una maravilla que no ha perdido aquello que la hizo peculiar y, en muchos aspectos, estableció de guisa definitiva el estilo del cineasta. Y pese a que es ilustremente explícita tanto en pantalla como en los diálogos, hay un factor central que es intencionadamente ambiguo: el misterioso contenido de un maletín.
Lo sustancial, Ficción pulpa es una película grande cuya trama es armada por el propio espectador, como si fuesen las piezas de un puzle, durante su radiodifusión. Acullá de ser liante, el planteamiento es directo, funciona de maravilla y se beneficia de personajes que desbordan carácter. Dos de ellos, Jules Winnfield (interpretado por Samuel L. Jackson) y Vincent Vega (John Travolta) son matones que han sido enviados a recuperar un maletín robado. Hasta ahí lo que posiblemente ya sabías.
El maletín se presta de maravilla al enigma. De entrada porque no tenemos ni idea de cómo y para qué fue robado, pero es que siquiera hemos manido al jerarca de los dos matones todavía. Si a esto le añadimos su curiosa combinación de transigencia, el 666 que hace relato al número de la Bestia, y que solo se muestra un brillo en las caras de quienes lo contemplan, se logra el intención deseado: que el espectador especule al respecto del contenido. ¿Es el alma del jerarca de los matones? A partir de aquí te tenemos dos respuestas. Una que obedece a fines narrativos, y otra más fiel.
La primera respuesta, la auténtica, es que para el propio Tarantino el maletín en sí es un simple MacGuffin, y lo mismo se aplica a lo que hay adentro. Un objeto que sirve para que avance la película e interactúen los personajes entre sí, pero que en realidad es insignificante para todo lo demás. Entonces, ¿por qué no poner cualquier cosa adentro en puesto de dejar al espectador con la duda? Ahí es dónde radica la inteligencia del enigma:
«Me gusta que haya pequeños secretos en la película, ya sabes, que no se explican, que tienes que descubrir.
Como, por ejemplo, el personaje de Brad Pitt (En Malditos Bastardos), Aldo Raine, tiene una quemadura de cuerda más o menos del cuello, pero nunca quise explicar qué pasó. Bueno, quiero que lo averigües, ¿de acuerdo? Es afirmar, depende de ti afirmar de dónde salió esa quemadura de cuerda. Me gusta la idea de que abrieras el maletín y sacaras la ficción. No te digo qué hay ahí, pero tú tienes que descubrirlo, y esa es tu película.
Si hubiera dicho que había drogas en el maletín, o monises, la terreno habría tenido un tono diferente si supieras qué había adentro. El hecho de que no lo sepas, de que tengas que inventarlo tú mismo, le da a la terreno un tono que me gustó mucho.
Me gusta el hecho de que si 100 personas ven la película, 100 personas han hecho, muy minuciosamente, levemente, 100 pequeñas películas diferentes en su mente.»
Con todo, en VidaExtra te prometimos una segunda respuesta más fiel, y si no tienes miedo a decepcionarteesto es lo que Samuel L. Jackson y John Travolta vieron cuando abrieron el maletín frente a la cámara: un maletín infructifero con un pequeño mecanismo que encendía una bombilla al sincerarse.


La idea de delegar al espectador una parte de la película hace que Ficción pulpa no solo sea un poquito más peculiar, sino poco propio. Añadiendo capas de trasfondo que solo existen en nuestra imaginación y que cobran cierta forma al comentar nuestras teorías con otros espectadores. Y pese a que ese maletín siempre estuvo casi infructifero, a excepción de la bombilla, siempre contuvo -de guisa legítima- cualquier cosa que cada espectador imaginó. Esa clase de genialidades solo puede imaginar de un modo: la encanto del cine.
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